el último recurso
- Brian Acuña
- 3 dic 2018
- 2 Min. de lectura
“El director no se atrevió a mencionar en toda la película la palabra lesbiana”, dijo un hombre de cabello blanco, interrumpiendo la pregunta de un asistente hacia el director.

En Antofagasta se realiza la séptima versión del festival internacional de cine, Antofacine (Anteriormente llamado Antofadocs).
Son las 20:00 horas. Directores, aficionados, periodistas y estudiantes estamos en el auditorio del Ministerio de Obras Públicas (MOP). Todos reunidos con el mismo propósito, ver “Enigma”, uno de los largometrajes que participan en este festival por la votación del público.
Este filme está basado en un hecho real, el asesinato de Mónica Briones. Un crimen brutal que fue desestimado con el pasar del tiempo, pero diez años después, a través de un programa de TVN llamado “Enigma”, deciden contactar a los familiares para retomar este caso.

La película, a diferencia del programa de televisión, no busca reconstruir las escenas del crimen, sino que nos muestra el proceso que vive la familia de Mónica antes de decidir si exponen el caso en la televisión o vivir el luto de su hija en silencio y anonimato.
Mientras avanza la historia, se pueden identificar temáticas tales como: machismo, binarismo de género, homofobia, evasión de las responsabilidades paternas, entre otros.
Este largometraje termina con la entrevista que le hacen a la madre de Mónica, pero antes de eso, en el estudio de grabación logra ver a los actores interpretando las escenas anteriores a la muerte de su hija.
En el momento en que Nancy (la madre) responde la primera pregunta, hay un silencio de parte de la periodista, hasta que la entrevistada se quiebra ante cámara. Pocos segundos después, la pantalla se oscurece, dejando un final muy abierto; Generando una reflexión, sobre si en realidad los medios de comunicación buscan cubrir este tipo de hechos como una ayuda para la familia o simplemente se tocan estos casos por el morbo que pueda generar la pena de una familia que perdió a su hija por un ataque lesbofóbico.
El director de esta obra, Ignacio Juricic, hace un pequeño análisis con respecto a esto “Hay un morbo y algo detrás, pero no creo que la protagonista sea ingenua al ir a la televisión (…) porque la última opción que queda para tener justicia es ir a llorar la televisión”

Se abre la ronda de preguntas para esclarecer las dudas de los asistentes. Alguien del público aprovecha la instancia para felicitar al director por no explotar la palabra lesbiana. En ese momento, un hombre de avanzada edad lo interrumpe, diciendo: “El director no se atrevió mencionar en toda la película la palabra lesbiana”. En seguida, Juricic interviene, explicando que no es un tema de atreverse, sino que fue una decisión consiente el hecho de no utilizarla. Porque el punto no era impactar a través de la sexualidad u orientación sexual de las personas, tampoco mostrar escenas implícitas de Mónica siendo brutalmente golpeada, sino que mostrar otra perspectiva de este caso.
Al salir del auditorio, procedemos a votar.
Lo que me llama la atención es que no anotan nuestros datos antes de votar, solamente marcamos con una “x” la película que habíamos visto y la calificación de uno a siete que le pondríamos a la película.
Derivado de este caso, en 1984 se crea la primera organización lésbica de Chile, esta se llama “Ayuquelén” que en mapudungun significa sentirse bien.





Comentarios